Días después de aquella conversación que los dejó pensativos, decidieron ir al campamento.
El ambiente en casa había estado tenso, cargado de silencios y miradas perdidas, como si cada uno buscara una razón para recuperar la alegría que parecía haberse escapado entre los dedos.
Manuel insistió en que todos necesitaban un respiro, un momento lejos de la rutina, del peso de los recuerdos y las heridas no dichas.
Pidió a Ilse que los acompañara, pero ella se negó.
Dijo que prefería quedarse, aunque