Cuando Manuel abrió los ojos, lo primero que vio fue a esa mujer ante él.
Sonrió, incapaz de contener la alegría que brotaba de su corazón.
Su pecho latía con fuerza, como si cada latido estuviera celebrando el milagro de tenerla cerca.
Había soñado con este momento, sí, muchas veces antes, en noches solitarias y oscuras, cuando la esperanza parecía un susurro lejano.
Ahora, al abrir los ojos, se encontraba con Mayte, envuelta en sus brazos, y en ese instante, todo parecía posible.
Era su fantas