Mayte y Manuel se encontraban en la habitación, ajustando los últimos detalles de lo que sería un viaje de fin de semana muy esperado.
Su pequeño, lleno de ilusión, corría de un lado a otro, emocionado ante la idea de dormir bajo carpas y respirar el aire puro del bosque de los girasoles.
Todo estaba pensado: la comida, la ropa, los juegos, cada detalle para que la familia pudiera disfrutar de un momento de felicidad, sin interrupciones, sin preocupaciones.
Querían dejar atrás las tensiones del