El corazón de Mayte golpeaba con tanta fuerza que parecía querer escapar de su pecho.
Cada latido le retumbaba en los oídos, como si anunciara un destino inevitable.
Su mente le gritaba que aquello era imposible, que ese hombre solo quería humillarla, arrastrarla a su propio juego sucio.
Pero había algo en esos ojos oscuros, profundos como abismos, que le decía otra cosa… algo mucho más peligroso: Manuel Montalbán no jugaba por capricho.
Jugaba para poseer.
Y ella estaba a un paso de caer en su