Nero me abrazó en cuanto salí.
Soltó un suspiro de alivio al comprobar que estaba perfectamente bien.
“¿Me voy dos semanas y esto es lo que pasa?”, preguntó. “¿Por qué no me contaste lo que ocurrió en el restaurante? Habría hecho que borraran cualquier evidencia de que siquiera estuviste allí.”
“No quería preocuparte. No quería que regresaras a Nueva York sin terminar tu trabajo en Rusia, y aun así eso fue exactamente lo que pasó”, dije. “Lo siento, Nero.”
“No tienes nada por lo que disculparte