“¿Qué demonios pasó, Dante? Me fui a Rusia con total confianza de que serías capaz de cuidar de mi esposa, y no fuiste capaz de cumplir una tarea tan simple como esa”, dije.
Enfadado no era una palabra suficiente para describir lo que sentía.
Imagina recibir una llamada al otro lado del continente informándote de que tu esposa había sido arrestada por agresión y que podía enfrentarse a hasta siete años de prisión.
Pensaba que Dante era el mejor porque yo mismo lo había entrenado.
Los recuerdos