Mundo ficciónIniciar sesión—Oh, Dios… lo siento, lo siento —se disculpó Cristina apresuradamente.
—Deberías tener más cuidado, solo eso —respondió Salvador con un tono sereno, aunque sus dedos nerviosos rozaron el borde del escritorio. No quería que se notara su incomodidad.Cristina lo observó unos segundos. Había algo distinto en él: no era el hombre altivo y distante de siempre. Por un instante, vio en su mirada azul una calma extraña, una humanidad que nunca dejaba asomar.Salvador c






