Mundo de ficçãoIniciar sessãoCristina tiene los ojos abiertos, no sabe qué decir. El silencio entre ambos se vuelve denso, pero no porque falten palabras, sino porque sobran emociones. Salvador sigue mirándola con atención, sin prisa, sin exigir una respuesta inmediata. Su mano permanece firme sobre la de ella, como si ese contacto fuera la única certeza en medio de todo lo que ha ocurrido.
Salvador rompe el silencio con una voz suave, como si temiera que cualquier tono más alto pudiera romper algo frágil entre ellos.—Está bien —dice—. Si no quieres tener hijos propios… yo sabré aceptarlo. Tenemos a Valentina, y eso es suficiente. Es nuestra hija.Cristina gira lentamente el rostro hacia él. Lo mira. Hay algo en su expresión que mezcla alivio y tristeza. Sus labios se curvan en una sonrisa leve, apenas perceptible, más cargada de agradecimiento que de alegría.—Salvador… —empieza, pero se detiene.Él espera. No la apura. Solo sostiene su mi






