Al llegar a su departamento, lo primero que hizo Liam fue llamar a Victoria. Necesitaba saber cómo estaba su hijo después del arrebato en el parque. Ella, con un tono más suave, le aseguró que el pequeño ya estaba tranquilo y que quería que pasara por él al día siguiente. Liam colgó con una sonrisa, sintiendo que finalmente estaba ganando terreno.
Se dirigía a la cocina cuando el timbre interrumpió su calma. Al abrir la puerta, el asombro lo dejó mudo.
-¿Mamá? ¿Qué haces aquí? -preguntó Lia