Gregorio miró al frente, hizo un asentimiento con la cabeza y volvió a mirarme. Volteé y vi a Alejandro mirándonos. Se veía molesto.
-Lo siento -dijo él-. No puedo, señorita López.
-¿Qué... qué es eso de <
? -pregunté-. ¿Mi hermano te ha prohibido hablar conmigo acaso?No respondió. Sólo me miraba... me miraba y me miraba. Cerró los ojos por unos segundos y, al abrirlos, asintió.-Debo salir -respondió a cambio-. De verdad lo siento, pero no podemos hablar. No insistas.Lo solté,