Dejé de besarla y acaricié su labio inferior con mi pulgar:
-Vas a venirte conmigo. Ahora.
Afirmó con la cabeza todavía entre mis manos y me volvió a besar. Un beso con el que me daba las gracias.
No hablamos mientras caminábamos hacia el Range Rover. Pero íbamos de la mano. No la iba a soltar hasta que no me quedara más remedio, cuando entráramos en el coche. En cuanto estuvo en el asiento del copiloto y se cerraron las puertas me giré y la miré bien. Parecía muerta de hambre y eso me enfad