Cuando cada quién estuvo en su auto, nos dirigimos al apartamento. De vuelta allí los nervios atacaron a David, lo noté en lo tenso de su cuerpo.
-¿Te encuentras bien? -le pregunto.
-¿Eh? -dice distraído-. Sí, claro, cariño.
-No me parece.
-A mí tampoco -dice su madre.
-Estoy bien, ¿vale? -dice malhumorado-. No se preocupen.
-Quieras o no, lo haré, David -digo firme y enojada-. Me saca de quicio que siempre te pongas de malhumor por todo. Estoy cansada de que siempre quieras ocultar todo,