Otra de las manías de Richard, era la de construir rutinas. Casi todo lo que hacía tenía un método, y a veces se entretenía en calcular los tiempos que tardaba en hacer las cosas de una manera o de otra. Sabía, por ejemplo, lo que tardaba en prepararse un café desde que encendía la cafetera hasta que se sentaba en la mesa a desayunar, y había comprobado que en los diez segundos que tardaba en calentarse el agua, si aprovechaba para poner la leche, el azúcar y meter la cápsula de café, eran diez