Manu era de esa clase de personas que a Sonia le gustaban con la misma intensidad que le sacaban de quicio. De esas que suelen estar en posesión de la verdad, y no porque lo dijera él, sino porque tenía la capacidad de equivocarse muy pocas veces. Siempre estaba allí donde ella lo necesitaba. Algunas veces cuando veía que ella estaba metiendo la pata hasta el fondo, intentando convencerla, se enzarzaban en discusiones que parecía que iban a terminar sin dirigirse la palabra, pero nunca sucedía