Juliette
Regresé a la oficina sintiéndome como si acabara de sobrevivir a un huracán. Mi cuerpo estaba allí, caminando por los pasillos modernos y fríos, pero mi mente seguía atrapada en el despacho de Seth, con sus palabras clavadas en mi mente.
No sé cómo seguir con esto.
Yo tampoco lo sabía. Estábamos enfermos. Éramos dos adictos que se necesitaban para respirar pero cuyo contacto era venenoso. Nos unía el dolor de años de silencio, el rencor por las traiciones y ese amor terco que se negaba a morir incluso después de que nos hubiéramos destrozado mutuamente.
Entré en la oficina de Nolan. Él estaba de pie frente a la ventana, mirando la ciudad, con un vaso de whisky en la mano a pesar de que apenas era mediodía.
—Compró la empresa —dijo, sin girarse. No parecía enfadado. Parecía... divertido.
—Lo siento —murmuré, dejándome caer en el sofá de cuero—. Arruinó el lanzamiento y fue mi culpa.
—¿Y eso por qué?
—Lo hizo para atacarme a mí.
Nolan se giró y me sonrió.
—No te disculpes. Set