Mundo ficciónIniciar sesiónJuliette
De repente, la presión en mi brazo desapareció. Julian salió despedido hacia atrás por un empujón firme y elegante, tropezando con sus propios pies hasta casi caer sobre una mesa de canapés.Seth estaba allí.Se interpuso entre nosotros como una muralla de esmoquin negro. No estaba alterado. No parecía furioso. Parecía letalmente calmado, irradiando una autoridad que hizo que hasta la orquesta bajara el volumen.Julian se enderezó, rojo de ira y humillación, señalándome con un dedo tembloroso.—¡Aléjate de ella, Saint James! —bramó, con la voz rota—. ¡Es mi esposa! ¡Tengo derecho a bailar con ella!El salón entero contuvo el aliento. Las cámaras devoraban la escena.Seth se ajustó los puños de la camisa con una lentitud exasperante. Luego, miró a Julian con una frialdad que habría congelado el infierno.—Era tu esposa —corrigió Seth, y su voz resonó clara y potente en el silencio—. Ahora trabaja para mí






