—¡Hombretón! —el grito de Elián recibió a su amigo que acababa de perder el color al verlo, y percatarse de la trampa en la que había caído.
—Cris, ¿qué hace él aquí? —bajó el tono de voz para que solo él lo escuchara.
—Una pequeña sorpresa, les dije que era tu cumpleaños para que vinieran.
Brais se mostró frustrado; sin embargo, la suerte estaba echada.
—Pero, ¿no se suponía que solo seriamos tú y yo?
Intentó mostrarse imperturbable, con la misma seguridad de siempre, por más que estuviera ner