—No me digas, cambiaste la profesión por psicópata y vienes a secuestrarme ahora porque crees que la tienda está vacía, déjame decirte que hay tres hombres; bueno, hombres con pluma en la trastienda.
—Secuestrarte, no me des ideas. —Ladeó la cabeza y comenzó a reír.
No entendía el poder que había tenido Brais siempre sobre ella. Desde que era una niña era capaz de convertir con su presencia los peores días en buenos. Agarró una falda que habían dejado mal colocada y se la lanzó al rostro.
—S