Se encontraba a punto de entrar en la tienda cuando el piropo de un transeúnte la hizo volverse.
—¡Anda que no estás buena, morena!
«¿Morena? ¿Está ciego o qué? Que estoy buena ya lo sé, no necesito que me lo diga».
—¡Encima de marginal, daltónico! ¿Dónde me ves lo morena, pedazo de anormal? —El hombre paró su caminar para enfrentarla. Por unos momentos se sintió nerviosa por la forma en que la miraba.
—Entre las piernas, tesoro. Ya sabes lo que dicen: pelirroja de bote felpudo morenote. —Es