Hades Santoro
Los Angeles California.
Aparco fuera de la bodega donde se mantenían los negocios de Mattheo, salgo del auto y me aseguro de cargar mi arma conmigo. Dos de mis hombres aparcan a unos cuantos metros.
Entró a la bodega donde varios de los hombres de Mattheo me miran y otros asienten en saludo.
—¡Emilia, deja de correr por el amor de dios!—grita una mujer
La mujer de cabello castaño largo, ojos verdes y pecas con una gigante barriga de embarazo trataba de perseguir a quien debía de s