La pureza del querer
A veces, el corazón clama con tal fervor que parece que los ángeles guardianes escuchan. Y en ese preciso instante, bien podría haber sido el caso. Verónica paseaba inquieta, agitada por las noticias de su prima, mientras Antonio, ajeno a su tormento, se afanaba en su estudio, organizando documentos antes de emprender un viaje para atender asuntos personales.
En el jardín, Verónica meditaba sobre cómo eludir discretamente a su prima, evitando levantar sospechas sobre la vio