El eco de la desesperación
Charles
La luz del sol matutina se colaba por la ventana, acariciando mi rostro y arrancándome del sueño. Entreabrí los ojos, y al intentar estirarme, descubrí la razón de mi confort: Sarah, mi pequeña, reposaba sobre mi pecho, sumida en un sueño tranquilo. Deposité un beso en su frente y me deslicé de la cama con delicadeza para no perturbar su paz. Tras lavarme el rostro, cerré las cortinas para prolongar su descanso y salí de la habitación, cerrando la puerta sin h