Prioridades del corazón
Verónica
La luz del sol filtrándose por las cortinas me despertó y una sonrisa se dibujó en mi rostro al notar la ausencia de Antonio a mi lado. Por primera vez en mucho tiempo, había dormido plácidamente. Me levanté y, envuelta en mi bata, me dirigí al balcón para contemplar la gran mansión. Apoyada en el barandal, cerré los ojos y me dejé acariciar por la brisa matinal.
La puerta se entreabrió y unos pasos discretos se aproximaron. Al abrir los ojos, mi sonrisa se amplió al ver a mi nana, quien me extendió una taza de té de hierbas. La acepté con gratitud y la saboreé mientras la vista del paisaje me envolvía con serenidad.
—Hoy te veo más radiante, mi niña —comentó con una sonrisa—. Y creo saber por qué.
—Así es, Nana —respondí, compartiendo su sonrisa—. Es la primera vez que duermo sin la sombra de Antonio sobre mí.
—Me alegra tanto, mi niña —dijo ella, su sonrisa reflejando su alivio.
Permanecimos en silencio, disfrutando del panorama hasta que terminé mi