Un dolor paralizante que me recorre el costado me obliga a despertarme. Parpadeo varias veces para asimilar lo que me rodea. El brazo de Raphael está bajo mi cabeza y el mío alrededor de su cintura.
Levanto la cabeza para mirarle, nunca le había visto tan tranquilo. Hay una sensación de calma en el aire, la que me mantiene serena en este momento.
El dolor hace que me retuerza un poco en mi postura y el miedo me invade porque quizá despierte a Raphael. Lo observo un segundo, pero sigue dormido