Amor...
Frunzo el ceño mientras Daniella me pasa los trozos de chocolate. —¿Siempre es así? — le pregunto.
—¿Quién, mi hermano? — pregunta Daniella y yo me limito a confirmar con la cabeza mientras amaso la masa. —Puede serlo. Pero yo no me preocuparía.
Me meto en la boca unos cuantos trozos de chocolate. —Todavía no está en casa.
—Cuidado—, dice Daniella. —Si no, podríamos pensar que te preocupas por él—, bromea.
Suspiro. —¿Puedo ser sincera?
—Siempre.
—Necesito salirme de este contrato—, le digo.
Est