Teresa vio algo que brillaba a la luz de las velas. Eric se colocó detrás de ella, le puso algo en el cuello y se lo abrochó.
—Perfecto.
—¿Es un collar? —preguntó Tessa tocándolo en la penumbra—. ¿Qué son estas piedras?
—Rubíes.
—Oh —se maravilló Tessa—. ¿Es de oro?
—Sí, de veinticuatro quilates, el mejor del mundo —contestó.
—El oro de verdad es muy suave, ¿verdad?
—Sí, por eso se guarda para ocasiones especiales, como esta noche —contestó Eric mirándola a los ojos.
Tessa sintió que el corazó