Me mordí el labio inferior y asentí; no quería mentirle.
—Sí —admití—. ¿Estás bien?
Me estudió por un momento, sus ojos escaneando mi cara para averiguar si realmente me importaba o no si estaba bien. Una vez que obtuvo la respuesta que necesitaba, dejó escapar un suspiro.
—Sí... va a hacer las cosas complicadas —murmuró—. No puede aceptar un no como respuesta.
—Hiciste bien al decirle que no había oportunidad —le dije—. Nada bueno vendría de darle falsas esperanzas.
Asintió.
—Sí, realmente no q