El baño había quedado en silencio después de la partida de Logan. El eco de sus pasos aún resonaba en el pasillo cuando Nathan, inmóvil frente al espejo, permaneció un instante más observando su propio reflejo. Ajustó levemente la corbata, deslizó los dedos por el nudo perfecto y se permitió una media sonrisa. No era una sonrisa de satisfacción, ni de burla abierta, sino esa expresión fría que usaba cada vez que sentía que las piezas de su tablero comenzaban a encajar en la dirección que él que