Capítulo 143: Sentenciada

La mansión estaba en silencio cuando llegué. Mis pasos resonaban en el mármol como martillazos. Los guardias se apartaban a mi paso, sus rostros tensos, sus manos inquietas. Sabían. Todos sabían.

—Díganle a los sirvientes que arreglen el salón de fiestas inmediatamente —ordené.

—Sí, señor.

No me detuve. Atravesé el vestíbulo, las escaleras, los pasillos. Hasta llegar al salón principal. La puerta estaba custodiada por dos de mis hombres. Los aparté con un gesto y entré.

Los Moretti me esperaban
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