— ¡Buenas tardes mi bella dama!— saludó Connor Foster — ella suspiró y se relajó, acaso piensas ignorarme a mí también.
Ella se levantó muy emocionada porque había sido él, el abuelo y a la vez algo decepcionada por no ser Calvin.
— ¡Hola abuelo!— saludó— me encanta verte.
Él la abrazó con ternura y dijo:
— Algo decepcionada, porque esperabas otra mano más joven— dijo con picardía— sentí tu tensión, todo está bien, no te preocupes, confía en mí, voy a templar ciertas orejas y veremos.
— El a