Como si estuvieran conectados, en ese preciso momento, Oliver Lane gritaba de emoción al recordar los hechos, conforme su amiga Simona, esa que ya había regresado de su escape al bar, lo escuchaba con atención.
—Vale, voy a usar mis años de psicología —dijo seria, casi profesional.
—Los que tiraste a la basura por dedicarte a dibujar —agregó Oliver ofreciéndole más aceitunas.
Simona rodó los ojos.
—¿Y tú? Podrías haber sido un buen futbolista, incluso un técnico con un buen salario, pero prefe