—Deberías comprobar lo de las palmaditas —susurra Luca, sonriendo de lado.
—No es nada, solo nos reímos del pobre de Fede —asevero, dando unas pequeñas palmaditas en su cabeza y como por obra del señor, Liam suaviza su expresión, toma mi mano y la lleva hasta sus labios para dejar un delicado beso en mi palma.
—El abuelo suegro sí que tiene razón, bien dice que los caballos salvajes se calman con unas palmaditas en la cabeza —se burla y sin poder evitarlo, ambos soltamos una carcajada al tiempo