Entre una charla ligera y pequeñas mentiras de mi parte para que Arlette no se dé cuenta a qué se debe todo esto, terminamos nuestra cena. Tomo su mano y con música ligera de fondo comenzamos a movernos lentamente.
Recarga su cabeza en mi pecho y sin dejar de acariciar sus delicados hombros desnudos me aclaro un poco la garganta.
—Me dijo mi hermana que la ayudarás con los preparativos de su boda.
—Sí.
—¿Y supongo que también ayudaras en los preparativos de Evelina?
—Sí, me lo pidió y dado que