60. UNA LADRONA DE YATES
GREYSON
Me pellizqué el puente de la nariz ante su alarido hacia la cocina. Era imposible.
Enseguida los murmullos se hicieron más fuertes.
…Oh, mi Diosa, el Alfa al fin se empareja de nuevo…
…¿Quién será la afortunada?
…Pensé que la próxima Luna sería la prometida de Owen…
“No lo creo. Esa loba es mía” Kaos bufó, y yo ya estaba loco por regresar.
Aun así, no negué las palabras de Margaret y más bien las confirmé.
—Es cierto, pronto voy a presentar a mi hembra.
—Bueno… ¿no será esa que se está