124. YO TE PERTENEZCO
NARRADORA
Tomó su barbilla y lamió la pulpa de sus labios, estirándola entre sus dientes.
El cerebro se le estaba haciendo papilla a la loba… el cerebro y algo más.
Tragó en seco y, como si tuviesen vida propia, sus manos fueron a su fuerte pecho, bajo el saco, acariciándolo lentamente.
El hombre rubio entrecerró los ojos.
A través de la rendija, sus pupilas doradas parecían brillar llenas de expectativas.
Su pene se endureció aún más contra ella, pegándose sin pudor, mostrándole cómo lo ten