61. LA SECRETARIA DEL ALFA
AVA
Todavía tenía el corazón en la boca cuando el taxi me dejó en las puertas de la manada Magnolia Silvestre.
El conductor me ayudó con la silla de ruedas que utilizaba mamá antes de marcharse.
—Todo va a estar bien, madre… lamento tenerte de aquí para allá —le dije con un rastro de tristeza, metiendo su cabello corto detrás de una oreja.
Sus ojos nublados, como siempre, miraban a la nada, perdidos en quién sabe dónde.
Acomodé la bolsa con nuestras pocas posesiones, colgándola de las empuñadur