Capítulo 8.
Me quedé callada, tragándome todo lo que quería decir. No sabía lo suficiente de este lugar como para abrir la boca.
No arriesgaría el futuro de mi cachorra solo por dar mi opinión.
Después de comer, los lobos volvieron a separarnos en grupos. Esta vez se trataba de limpiar el comedor y la cocina. Pero “limpiar” no era levantar platos ni mesas… era arrastrar cadáveres de las que nadie se había molestado en recoger y limpiar la sangre.
Por suerte, mi grupo no fue elegido, y nos permitieron volve