Capítulo 41.

Ni siquiera sentí el dolor al caer.

El aire se me escapó de los pulmones y el mundo comenzó a girar.

El suelo estaba helado. Cada respiración me ardía en el pecho, y la sangre me pesaba más que los huesos.

Intenté moverme, pero mi cuerpo ya no respondía.

De pronto, los sonidos comenzaron a apagarse. Primero las voces lejanas, luego los ruidos cercanos… y después, nada.

Solo un pitido agudo y constante, como si el mundo hubiera quedado vacío.

Y entonces, el mundo se movió.

El aire cambió, y mi c
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