Capítulo 24

La cama no era diferente de la mía: dura, sin almohadas reales, apenas una manta. Bastante incómoda, en realidad.

A pesar de tener los ojos cerrados, mi cuerpo estaba totalmente alerta.

Supongo que no era la única.

Markos gruñó, moviéndose apenas entre las sombras.

—Como te decía la otra noche —murmuró con voz grave—: estamos jodidamente atrapados. Para salvar tu pellejo tuve que usar la carta de “exclusividad”. No somos amigos, no me hablarás si me ves por los pasillos, ni siquiera mirarás en
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