Capítulo 19.
El bersaker se quedó inmóvil, la respiración pesada y los ojos encendidos como brasas. Durante un largo instante pareció que volvería a lanzarse, pero finalmente levantó la mano con un gesto brusco, declarando su rendición.
—La hembra es tuya.
Su mirada, sin embargo, era pura amenaza, una promesa de violencia contenida.
Markos lo observó con un destello de triunfo apenas perceptible antes de girarse y alejarse de él.
Los abucheos y gruñidos de los Bersakers retumbaron en las gradas, frustrados