—Hola, buenas tardes, ha hablado a la casa de strippers. ¿En qué podemos ayudarla? —Me responde una voz femenina y tan solo oír la palabra stripper hace que mis mejillas se sientan calientes y mi lengua se quede inmóvil—. Hola, ¿hay alguien ahí? —me vuelve a llamar sacándome de mi trance.
—Hola, sí, me gustaría alquilar… a uno de sus chicos —digo tartamudeando con nerviosismo.
—Claro, ¿tiene a alguien en particular? —me pregunta y no sabía que podía elegir a alguien.
—Solo necesito a un ch