La tensión entre nosotros es evidente, la atmósfera es pesada y nuestras miradas permanecen fijas en el otro. Ante este comportamiento de mi padre, me daría miedo; ahora solo le tengo coraje y rabia.
—¿Y qué es lo que según tú hice? —preguntó mi padre sin soltarme.
—¡No finjas! Ya me enteré de que le vendiste la información de Mia a Adriano, tu rata asquerosa, ¡le dijiste dónde encontrarla y todo!
—¿Y si lo hice? ¿Eso qué tiene que ver?
—¡Que todavía tienes el descaro de ir a mi casa, me