Alessandra Dumont
El vapor del baño todavía se aferraba a mi piel, un calor residual que contrastaba con el aire acondicionado gélido de la mansión. Salí envuelta en mi bata de baño blanca, sintiendo el tejido suave contra mi cuerpo mientras caminaba hacia la cama. Allí, como una intrusa en mi propia habitación, estaba mi maleta, abierta y esperando. Con movimientos precisos, comencé a sacar la ropa sucia que acumulé durante el viaje, depositándola en el cesto, y luego empecé a organizar la ro