DALTON
Llegar a la oficina y encontrarme con las dudas personificadas, era lo que Lía Monclova representaba para mí ¿Era ella la bailarina del Sport Bar? ¿Me la había tirado aquella noche? ¿Me había dicho jefe ca**pullo en mi cara?
— Buenos días, Lía —. Dije con voz neutra, sin mirarla directamente, y pasé de largo como si ella no estuviera sentada ahí con esos malditos lentes de pasta que parecían de biblioteca. . . Pero qué, inexplicablemente, me daban ganas de arrancárselos con los dientes.
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