LÍA
Bajé del coche despacio, como si cada movimiento tuviera que ser calculado, porque me daba mucho nerviosismo terminar de nuevo con él, encerrada en una habitación de hotel, haciendo cosas pecadoras y deliciosas. Unas cosas deliciosas que no recordaba del todo y eso me ponía mal.
— Gracias por traerme, señor Keeland —. Dije, ajustándome la mochila al hombro, y bajando del auto, casi corriendo. Traté de huir de él como si se tratara de un acosador, solo que este acosador era uno que se me anto