Una carcajada escapó de los labios de Daniel. Solo optó por dar una palmada en el hombro de Rick y girar el auto bruscamente hacia la izquierda; un camión se interponía en su vía cada diez segundos.
—Qué puta locura —soltó con sinceridad, conteniéndose para no romper en risas.
Rick le lanzó otra mirada incómoda, quizá por el sarcasmo, y extendió la mano señalando otra calle con el índice.
—Daniel, baja acá, en la esquina. Te veo luego. No te pierdas mucho y si haces reuniones, me timbras.
Danie