Subió al autobús, se sentó en uno de los primeros puestos y se dedicó a mirar por la ventana
en busca de sosiego, sin encontrarlo. Minutos después, llegó a la parada, que se encontraba frente a una universidad cercana a la tienda. En vez de dirigirse a casa, optó por encaminarse a ver a Santiago. Se sentía tristísima, ya no le apetecía arreglarse para ir a comer afuera y prefería comunicárselo en persona. Al entrar al local, le preguntó a la Encargada, la encargada, por el paradero de su jefe.