Hunter me observaba con fijeza, estudiando cada uno de mis movimientos y gestos. Que me mirara de esa manera sin decirme nada me tenía con el corazón en la mano.
—¿Qué? ¿Es que tengo algo en la cara o qué? —pregunté, untando más mermelada a la tostada.
—Es que todavía no puedo creer que me hayas confesado tus sentimientos. Pareciera que estuviera en uno de mis sueños.
Reí, dándole un mordisco a la tostada.
—Pero estamos en la realidad.
—Sí, en una que, de cierta manera, quisiera cambiar —de nue