En cuanto mi vestido cayó a mis pies, le hice señas a Hunter para que se acercara. Con lentitud y como si se tratase de un león acechando a su presa, se puso de pie y dio pasos cortos y lentos hacía mí. Su imagen era tan sensual, únicamente con el pantalón puesto, el torso desnudo, su cabello revuelto y sus labios hinchados debido al reciente beso. Este hombre es una tentación que cualquier mujer no se puede resistir.
Ahora sí podía detallarlo a plenitud, sin prisa, como tanto lo había querido.