Samantha se sorprendió al ver a Lara en su galería. Estuvo a punto de levantar las manos y frotarse los ojos, pero se detuvo a sabiendas de que a ella no le haría ninguna gracia.
Se obligó a recuperarse y le dio una sonrisa educada.
—Bienvenida, señorita Lara.
—Esto debe ser una broma —dijo la aludida retirándose los lentes de sol. Soltó un resoplido mientras la evaluaba con la mirada—. ¿Trabajas aquí?
—De hecho, soy la dueña —respondió dejar de sonreír—. ¿Quieres que te muestre algunas de nues